Ética en biología: una mirada crítica (y con humor) al código deontológico

Los biólogos tratamos temas con un enorme impacto en la sociedad: el medio ambiente, la sanidad, la alimentación… Por eso, tenemos un gran compromiso con la población y debemos actuar con honestidad, imparcialidad e integridad. No tengo ninguna duda de que la mayoría de los profesionales hacen las cosas como deberían. Pero, muy de vez en cuando, se cuela algún sapo que nos deja en muy mal lugar.

Para reflexionar sobre estas cuestiones éticas, desde la ironía y el humor, he creado una serie de viñetas en las que resumiré alguna de las normas recogidas en el Código Deontológico del Biólogo representadas mediante situaciones ficticias —¿o no?— claramente mejorables.

La primera de ellas es un clásico: las pseudociencias. Los biólogos tenemos conocimientos suficientes para saber que son anticientíficas y carecen de toda evidencia, vamos, que son una estafa. Por eso, debemos evitar caer en ellas y orientar a la población para que no se dejen engañar por brujos y magufos.

La viñeta se basa en el artículo 7: Calidad y excelencia; punto 4: «Cualquier información biológica se dará de forma directa, comprensible, ponderada, con prudencia, respeto, rigurosidad y veracidad. Va contra la ética de los biólogos el uso de procedimientos, técnicas o sistemas cuya utilidad no se ha demostrado científicamente, así como las prácticas inspiradas en las pseudociencias, sin base científica, procedimientos fraudulentos o con insuficiente base científica. Esto se verá agravado cuando existan métodos, sistemas o técnicas adecuadas y probadas científicamente.»

Saber comunicar con claridad y respeto es clave cuando queremos explicar algo a la población. Usar tecnicismos y siglas al alcance de unos expertos no nos hace más listos ni mejores profesionales.

Esta viñeta se basa en el artículo 7: Calidad y excelencia; punto 4: «Cualquier información biológica se dará de forma directa, comprensible, ponderada, con prudencia, respeto, rigurosidad y veracidad».

En investigación es fácil emocionarse cuando se cumple nuestra hipótesis de trabajo y obtenemos resultados prometedores. Pero no hay que dejarse llevar… Puede que nosotros, como biólogos, sepamos que un resultado in vitro o en modelos animales no se puede trasladar de forma automática a humanos, o que un estudio aislado no es suficiente para confirmar una hipótesis. Pero la población puede no saberlo, así que es nuestro deber comunicar los resultados con rigor, prudencia y sin sensacionalismos.

Esta viñeta se basa en el artículo 19: Publicidad; punto 2: «Se evitarán, o son contrarios a la ética biológica, los siguientes casos: la difusión prematura o sensacionalista de procedimientos poco contrastados, no demostrados o exagerados; la falsificación, invención o copia de datos; el plagio o repetitividad; la no mención de todas las fuentes de financiación del trabajo; la publicidad encubierta o engañosa».

Cuando publicamos un trabajo en una revista académica hay que definir quiénes firman como autores del artículo. Algo que parece sencillo, pero que muchas veces se convierte en un paso bastante conflictivo… ¿Quiénes deben figurar como autores?

Aunque los criterios varían ligeramente de unos comités a otros, podemos resumir que debe ser autor —solo— quien haya hecho contribuciones sustanciales a la concepción, diseño, ejecución o análisis del trabajo, redactado o revisado el manuscrito, y aprobado la versión final.

Lamentablemente, no siempre se cumplen estos criterios y acaban firmando personas cuya única contribución ha sido respirar, mientras se queda gente fuera que realmente ha sido esencial… ¿Conocéis algún caso así?

Con este cómic cierro —¿por ahora?— esta serie de cómic, este último sobre el artículo 20: Publicaciones y propiedad intelectual; punto 2: «Son contrarias a la Deontología las siguientes actuaciones: (…) d. Dejarse incluir como autor sin haber contribuido sustancialmente al diseño y realización del trabajo».

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