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La pesca, una actividad que remonta desde los tiempos más primitivos de nuestra historia como humanidad, base de la alimentación de muchas civilizaciones a nivel mundial, con una importancia que va desde lo económico hasta lo cultural. Sin embargo, su relevancia de carácter internacional aún no alcanza lo cotidiano. No todos los días alguien se pregunta qué proceso hay tras el atún enlatado que compró en el supermercado, o de dónde vienen los camarones que comió el fin de semana. Y más escasas son las ocasiones para cuestionar cómo esto repercutirá en en el ecosistema marino para las próximas décadas.

La pesca de arrastre es un método que, como su nombre lo indica, consiste en arrastrar redes enormes que son generalmente impulsadas por embarcaciones a lo largo del suelo marino para levantar todo lo que encuentran a su pasoAl tocar el fondo, las redes llevan dos placas de acero llamadas puertas que, por efecto hidrodinámico, ayudarán a que la boca de la red se mantenga abierta mientras se desliza. Aunque también se practica el de media-agua y se considera menos invasiva que la primera por no tener contacto con el suelo. En ambos casos, las redes pueden ser llevadas por uno o dos barcos. Hay diferentes tamaños de redes de arrastre pueden medir 140 metros de longitud, lo que podría compararse con una vez y media un campo de fútbol.

Un método no selectivo

Un “método no selectivo” porque el tamaño de las redes ocasiona que se lleven “un gran número de especies que no son el objetivo como tortugas, rayas, estrellas de mar, poliquetos, anémonas invertebrados y otras especies de peces no destinadas al cosnumo comercial. Incluso arrecifes que, como sabemos, son comunidades marinas con una gran diversidad biológica”. A esta captura desmedida se le llama pesca «incidental». Las especies capturadas de forma incidental deben ser regresadas al mar, sin embargo estas regularmente vuelven moribundas o de plano muertas.

Mientras se apuesta por una regulación más rigurosa y el desarrollo tecnológico, para algunas otras organizaciones y defensores ambientales la solución estaría en el congelamiento de la huella, como se le conoce a dejar libre de pesca las zonas afectadas. Un proceso de recuperación que podría tardar hasta 30 años y que requiere medidas de restauración, las cuales no equivalen a que haya una recuperación de lo que solía ser el ecosistema.

Puedes conocer más detalles de la problemática de esta técnica de pesca en el video que te he dejado aquí.

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