Dependiendo de la zona del planeta que vivas, recientemente habrás notado y/o escuchado en medios de comunicación sobre situaciones climáticas un tanto extremas desde mediados de el reciente 2023, ya sea sequías en alguna regiones y/o exceso de lluvias en otras. Todo relacionado a la anomalía climática llamada «el niño».
Ambos son fenómenos climáticos intermitentes que se originan en el océano Pacífico ecuatorial, pero pueden tener efectos de amplio alcance en el clima de todo el mundo.
Los dos están relacionados: son las fases opuestas de lo que se llama El Niño Oscilación del Sur (ENOS). Por ello, nunca pueden ocurrir de manera simultánea. Además, hay muchas ocasiones en que ninguno de los dos ocurre.

ENOS describe la fluctuación de dos cosas en el Pacífico ecuatorial: la temperatura superficial del océano y la presión del aire sobre él.
La Temperatura
El componente de la temperatura es muy sencillo… cuando las temperaturas de la superficie del mar superan el promedio por medio grado Celsius o más, se puede formar El Niño. Cuando las temperaturas están por debajo del promedio, se puede formar La Niña. Cuando las temperaturas están dentro o cerca del promedio (a lo que se le llama ENOS-neutral), ninguno se desarrolla.
La Presión Atmosférica
La parte de la presión del aire es un poco más complicada. Se refiere a la diferencia en la presión del aire entre las partes oeste y este del Pacífico ecuatorial. Los científicos usan lecturas de Darwin, en la costa norcentral de Australia, y de Tahití, a más de 8000 kilómetros al este.
Cuando la presión es más baja de lo normal en Tahití y más alta de lo normal en Darwin, las condiciones favorecen la formación de El Niño. Cuando ocurre lo opuesto, se puede desarrollar La Niña.
Los dos componentes están fuertemente relacionados y las condiciones de ambos deben ser ideales para que El Niño o La Niña se formen. Por ejemplo, si las temperaturas de la superficie del mar favorecen a El Niño, pero las condiciones de la presión del aire no, El Niño no se formará.


